En la sala de espera, hay una mujer musulmana. Viste de violeta y a mí me recuerda a "Las mil y una noches". Contra el aburrimiento, la imaginación. Me fijo en otros que esperan, como yo, la hora de visita. No recuerdo ahora a ninguno. Es un recuerdo triste y sin embargo, en aquel momento, no estaba triste sino aburrido. En mi recuerdo, también veo que me fijo en el marco de la puerta que da acceso a la sala de observación nº3. Hay arañazos como los de un animal enrabietado. Me divierte esa idea para ponerla en un escrito. Es una idea muy poética, una metáfora de lo que se siente allí. Aunque sé, sin ser un gran detective, que esas marcas se deben a los roces de las camas cuando los enfermos son trasladados allí.
Sigo esperando con esa idea en la cabeza y recuerdo las imágenes que decoran las salas de espera en los hospitales privados. Una enfermera vestida con una bata blanca, sonríe como una azafata y un médico que se parece a un presentador de telediario, está a su lado, haciendo lo mismo. Nunca he visto un médico así. Enfermeras creo que tampoco. Tampoco he visto animales enrabietados en los hospitales. O sí, según se mire. Contra el aburrimiento, la imaginación.
Contra todo lo demás, he probado todo lo demás. He llegado a la conclusión de que sólo sirve darse la vuelta y no mirar. En el fondo, se ha convertido en una rutina y por eso, no hay que hacerle caso.
lunes, 7 de febrero de 2011
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